Contra el periodismo
El periodismo asume la tarea grandiosa e infame de relatar el tiempo vivido bajo el nombre de actualidad. Solo es poder, cuarto, según dicen, cuando delegamos en su histrionismo la necesidad de narrarnos, es decir, de ensayar sentidos posibles para habitarlos y actuarlos. Karl Kraus advirtió tempranamente los riesgos de semejante pereza: “así como el reportero ha liquidado nuestra fantasía con su verdad, nos devuelve a la vida con su mentira.” Cuando señala que su tiempo “fácilmente propende a tomar la edición extra por el acontecimiento”, habla por el nuestro también. Amargo e irónico diagnóstico que nos concierne, ¿Quién no se encontraría en condiciones hoy de acompañarse con sensaciones que fueron las suyas en el primer cuarto del siglo XX?: “Así como en los días del progreso aprendí a subvalorar la vida, hube de sobrevalorar la prensa.” Karl Kraus, satírico vienés que producto de su agorafobia apuntó con su pluma a una época entera desde el interior de su casa vuelto redacción de un arbitrario periódico de uno solo: La antorcha, “una extensión de su ser, una especie de prótesis mucho más incómoda para su entorno que para el propio dueño”, dice Marcelo Burello en su intervención. Inventó un contra-periodismo capaz de denunciar descarnadamente las miserias de sus contemporáneos sin dejar de reír y dejó, producto de su agudeza de pensamiento, pistas y herramientas para retomar su involuntario legado; preguntas para desempolvar y volver a interrogar futuros presentes: “¿Cómo pudo ser posible que una publicación cosmopolita festeje una guerra mundial? ¿Que un ladrón bursátil se cuadre ante una batalla de millones y con titulares estrepitosos exija y encuentre atención para el quincuagésimo aniversario de su nefasto oficio? ¿Que los bancos en moratoria no pudieran atender a su clientela, pero sí pagarle a éste más de 400 coronas por cada uno de los cien anuncios de su número conmemorativo?” Contra el periodismo significa, en uno de sus sentidos, contra el lugar común, la frase hecha, el estereotipo. Según Burello: “En esos giros idiotizantes y envilecedores que los medios masivos de comunicación colocaban (y colocan) en boca de la gente a fuerza de machacosa repetición supo detectar el recurso básico de su archienemigo.” Pero en el derrotero de su guerra contra el periodismo, se encontró con el periodismo de guerra y una terrible revelación: la prensa, en pleno uso de su libertad de empresa fomentaría incluso la guerra mundial para vender más ejemplares, para influir y cotizar en las redes del poder.

Maestro de Elías Canetti, amigo de Wittgenstein y Schönberg, admirado por Walter Benjamin, el “pájaro de mal agüero” vienés disparó solitario sin piedad a las formas que la cultura de su tiempo impuso con tinta y sangre a las potencias de la escritura… En el fondo, Karl Kraus amaba la ambivalencia infinita de la lengua: “La lengua es la única quimera cuya capacidad de engaño jamás termina, lo inagotable en que la vida no se empobrece. ¡Que el hombre aprenda a servirle!”

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