Meditaciones sobre el dolor
¿Es posible hablar “el” dolor y no “del” dolor? Sabemos que la intensidad y localización “del” dolor singular puede desmantelar el cuerpo. El dolor es “obsesivo” e “inarticulado”, un habla insistente y constante, largo y penoso. Una expiración que toma la forma de la queja, como si el lamento compulsivo y crónico pudiera poner fuera del cuerpo singular aquello indiscernible e implicado en éste. Si el dolor habla, lo hace como interrupción, como corte de la continuidad histórica. Lo hace para hacer colapsar el lenguaje, para que el silencio absoluto arrastre el lenguaje hacia la catástrofe. Quizás, pueda decirse, y así lo han hecho poetas y filósofos, que el dolor habla en el silencio. “Dolor” es el nombre de huellas, cicatrices, rastros, restos por los que aparece o desaparece la posibilidad de un mundo. “Dolor” es el nombre de una contracción extrema de los cuerpos en un ethos que se abre a la comunidad de dolientes. “Dolor” es el esfuerzo de un pensar que no se refugia en definiciones. Sabemos, por fin, que sólo a través del dolor comprendemos la curva trágica de lo real, inseparable de los acontecimientos que nos constituyen. Adrián Cangi y Alejandra gonzález (editores), Ariel Pennisi, Horacio González, Claudia Feld, Chistian Ferrer, Florencia Podestá, Leandro Torres, Verónica Altamiranda, Cecilia Leiva
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