Desnarrar la metrópoli

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Diego Valeriano no se reconoce como pensador político ni como analista de la coyuntura. Su entrada a la turbulencia de la realidad pasa por el filo zigzagueante de los gestos. Le gusta escribir, pero lo hace como quien traza una línea sobre un territorio para despejar los movimientos de vidas singulares en perpetua tensión. Eso es lo que salta a la vista en su más reciente proyecto de escritura titulado Eduqué a mi hija para una invasión zombie (Red Editorial, 2019). Por eso, más que un libro o dispositivo dotado de principios albergados en la tecnología de la crítica, la escritura de Valeriano le devuelve a la época una positividad descriptiva, que es, a su vez, una imagen anti-Sarmiento, pues es ásperamente destructiva con respecto a la totalidad de los aparatos pedagógicos y de los principios que intentan desesperadamente regular un mundo que ya no pude pensarse en el plano de lo proyección ni de la representación.